Desde las primeras dos horas de vida

Todos sabemos de los beneficios del tacto, de los abrazos. La doctora Kathleen Keating dice que se necesitan cuatro abrazos diarios para sobrevivir, ocho para mantenerse y doce para crecer. Los abrazos elevan la autoestima porque nos hacen sentirnos seguros, ayudan a la comunicación, generan confianza y aumentan los sentimientos de felicidad, por la liberación de oxitocina, a la vez que alivian los sentimientos de soledad. Nos dicen también que fortalecen el sistema inmunológico, relajan los músculos y equilibran el sistema nervioso. Mejoran nuestro estado de ánimo, nos enseñan a dar y recibir, vamos que hay muchas razones para dar y recibir un abrazo, eso sí, ese abrazo sólo vale si dura más de veinte segundos.

He leído artículos médicos que hablan de la importancia del primer contacto del recién nacido con su mami. Nada más nacer, no hay nada mejor (si todo va bien) que dejar al bebé tumbadito sobre el pecho de su mamá, el calor, el olor, son estímulos perfectos para nuestros hijos. Pero no todos los partos son fáciles y puede ser que la mamá o el bebé necesiten de cuidados especiales y que se deba retrasar ese momento de contacto. En este último parto yo no tuve ese momento hasta un mes después del nacimiento de mi bizcochete. Yo estaba a punto de entrar en la UCI y me lo bajaron desde neonatos para que mi entrada fuera mas dulce pero lo que no se si sabían es que ese abrazo me dio las fuerzas necesarias para luchar sin tregua para vencer todas las complicaciones que tuve.

Te quiero, te quiero, que guapo eres… le repetía una y otra vez mientras no paraba de llorar. Nunca podré olvidar esa sensación, nunca.

Ahora es el momento de recuperar esos días que no tuvimos. Tengo que devolverle ese chasquido ¡chas! que nos conecta y para eso me han enseñado un masaje que quiero compartir con todos, sobre todo con las mamás. Este masaje es bueno realizarlo desde las dos primeras horas de vida hasta sus primeros quince días.

Habitación calentita y piel con piel. Tumbamos al bebe sobre nuestro pecho, y poniendo la mano en forma de cuenco sobre su cabecita le acariciamos desde la frente hacia la nuca y aguantamos un poquito. Después seguimos desde el cuello acariciando su espalda hasta el coxis y volvemos a aguantar un poquito, ejerciendo una ligerísima presión.

Después para terminar colocamos al bebe boca arriba, en posición supina, juntamos nuestras manos y las colocamos juntitas sobre su pecho. Hemos de realizar movimientos en círculos hacia afuera, describiendo espirales sobre el bebé y abarcando brazos, piernas y pies. El movimiento debe ser rítmico y regular.

Esto debemos repetirlo quince días seguidos. Yo empiezo hoy. Espero que os pueda contar un gran cambio.

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