Veinte de junio. Primer día en REA

La verdad es que cuando uno está metido en la vorágine que envuelve el ingreso en un Hospital no llega a darse cuenta del todo de lo que pasa. Recuerdo que les dijeron que hasta el día siguiente no podrían verme. Mis padres se tuvieron que ir porque los peques dormían en su casa. Con mi costilla hicieron la vista gorda y le dejaron entrar un par de veces por la noche en el REA (Servicio de UCI para los ingresos de urgencias) al ver que se había quedado en el pasillo toda la noche. Entró heladito a contarme cosas de nuestro “bizcochete”. Todo iba bien. (Eso es lo que me contaba)

No pude dormir, mis compañeros se quejaban y yo estaba atenta a todos los cables y monitores. Las enfermeras dejaban las luces encendidas. Al día siguiente me subieron a planta, habitación 640. Que alegría ya quedaba menos para disfrutar de mi bizcochete que seguía en neonatos y según me decían, estable. Hoy empezaba a moverme un poquito. Si me dejaban, mañana subiría a ver a mi bombón, por fin podría abrazarle, besarle…

Familia, amigos, flores… pero las horas pasaban lentas…. YA!!!! amaneció despacio pero inundó de luz y esperanza la habitación, silla de ruedas y al piso superior!!!

No pude entrar, la cabeza parecía que me iba a estallar y los médicos de neonatos me enviaron de vuelta a la habitación. Vaya, otra cosita, el anestesista, como no, un chico en prácticas también, me había pinchado mal, con lo que tenía una fuga de líquido cefalorraquídeo y debía permanecer en reposo un par de días. Mientras, el dolor abdominal era cada vez mayor y el volumen de mi barriga no disminuía. Decidieron volverme a bajar a REA, esta vez dos noches.